Mi amigo octogenario Otto cuenta de cuando anduvo de *linyera por Latinoamérica. Había vagado por muchos países hasta que llegó al Brasil y militó en el Partido Trabalhista Brasileiro, en la época en la que gobernaba Joao Goulart, que años más tarde fue volteado por un golpe militar e instauró una dictadura que duró dos décadas. A Otto lo metieron preso por tres años y se salvó del fusilamiento, porque al momento de la detención, uno de los guardias miró su pasaporte y resultó que era un compatriota chileno.
Cuando salió de la cárcel, con el alma herida y los bolsillos vacíos, se lanzó otra vez a la aventura. En su viaje hacia el sur conoció a un chileno medio chiflado y juntos llegaron a Curitiba sin un real y medio. Otto es un autodidacta que devoró los libros de Nietzsche, Freud, Lacan y tiene un conocimiento enorme sobre diversos temas, entre ellos, la biblia. Para calmar a las tripas que crujían en los estómagos, no se le ocurrió otra idea más brillante que